Lo que tu cuerpo sabe antes que tú

Las emociones son un territorio interno que a veces evitamos y otras veces nos arrastra. Pero antes de que podamos nombrarlas, el cuerpo ya las está contando: en la respiración, en la postura, en esa tensión que aparece sin pedir permiso.
El movimiento —ya sea en Pilates, en un estiramiento o en una simple pausa consciente— nos ofrece una entrada amable a ese mundo. Primero sentimos la sensación, luego la emoción. Sin juicio. Sin prisa. Como quien escucha a un visitante interesante.
Y cuando dejamos de pelear con lo que sentimos, algo se vuelve más suave. La emoción fluye, se transforma, se aligera. El cuerpo se abre, la mente se calma, y aparece una paz sencilla, nacida de la aceptación.
Moverte así, sentir así, es aprender a habitarte con honestidad y ternura.
Es dejar que el cuerpo te muestre el camino de regreso a ti.
